domingo, 13 de abril de 2014

Fracaso

Hastío. Vivo una rutina insoportable que duele en silencio y quema desde dentro. Una botella de vino me tiende la mano en la miseria mientras unas tijeras me coquetean presuntuosas y el filo de la hoja fría acaricia mi piel como el romántico a su amada, juguetea en un vaivén insinuante dibujando los caminos de mis venas en una coreografía jamás ensayada pero aprendida desde siempre. El compás nunca mejor tocado de una vieja canción de blues que suena en la distancia parece orquestar el desenlace, el filo de la hoja que ahora besa con pasión mis brazos insípidos intentando arrancar lágrimas carmesí con ansias locas, dibujan caminos imaginados en cada poro de mi piel  que responde con espasmos sudorosos, los bellos de mi dermis se levantan extasiados, previsores de un espectáculo macabro. Y las tijeras sólo quieren perpetrar un amor idealista; pero siempre he sido cobarde en el amor!
No puedo controlar el temblor de mi cuerpo, me quema el miedo de lo ansiado! Detengo a mi amante en el borde de mi vientre, la duda se apodera de mi espíritu.

Soy incapaz de concretar este idilio tantas veces soñado, el temblor mi testigo susurra mi cobardía y lloro de frustración. Las tijeras resuellan al caer de mis manos y me miran con desprecio. Detesto mi voluntad tan fútil y desgraciada, grito con fuego apagado en la garganta pero que hace daño como nunca mientras destrozo contra la pared un vaso que sólo pasaba por allí.

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